Tolstói en el Japón de la era Meiji

La Restauración Meiji, que se desarrolló entre los años 1868 y 1912, suele identificarse con el génesis del Japón moderno. Tras un complejo y tenso proceso político suscitado por la presión de occidente (en especial de Estados Unidos) para que el país pusiera fin al sakoku, es decir, a su política exterior aislacionista, Japón no vio más alternativa que acceder a interactuar comercial y culturalmente con el resto mundo. La transformación comprometió la esencia misma de la sociedad japonesa y, más allá de que se consolidó de modo favorable para el país, es sus inicios resultó violenta y confusa.

Los estudios relacionados con este importante momento histórico suelen destacar el impacto de las ideas importadas desde occidente en la configuración del nuevo paradigma japonés. Kato Shuichi resume la puesta en marcha de los cambios sociales que caracterizan la era Meiji como «a trial and error “modernization” on western models» (1997: capítulo 9: The Age of Meiji). Sin embargo, las últimas décadas del siglo XIX y el principio del siglo XX constituyen también el escenario de un intenso intercambio exclusivo entre Japón y Rusia, que ha sido mucho menos explorado en el ámbito académico. Ludmilla Turkevich considera que esto se debe a las evidentes barreras lingüísticas e ideológicas que separan a Rusia de occidente (1977: 69) y Sho Konishi agrega que el paradigma Oriente-Occidente —eurocéntrico y construido en torno a nociones difusas de progreso y civilización— que prima en la historiografía del Japón moderno, no toma en cuenta las relaciones intelectuales transnacionales y no estatales que se establecen entre Japón y Rusia (2013: 3). En los últimos años, Naoki Sakai ha señalado que los criterios que rigen la construcción del paradigma Occidente son arbitrarios y funcionales a las fuerzas dominantes, lo que ha permitido la exclusión de Rusia durante buena parte del siglo XX (2009), pero es interesante notar que, ya durante la década de 1860, el importante pensador y autor Yukichi Fukuzawa (1835-1901) menciona en las observaciones que redactó tras su viaje por Europa y América que Rusia cuenta tanto con instituciones y poderío militar occidentales como con un sistema político y jurídico no occidental (Fukuzawa, [1867] 2003, citado en Bukh, 2010: 22-23).

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Correspondencia entre San Petersburgo y Tokio, 1887.(Archivo, Waseda University)

Un ejemplo emblemático de la importancia de los pensadores rusos en los procesos sociales y culturales que se desarrollaron en Japón durante la Restauración Meiji es el de la recepción de Tolstói en ese país. La traducción e influencia de su obra, así como la comunicación directa que entablaron con él aquellos pensadores japoneses que se sintieron interpelados por sus escritos e ideas, demuestran no solo la relevancia de la literatura rusa en el nuevo paradigma japonés, sino la naturaleza multidireccional de ese intercambio intelectual transnacional.

Tolstói es considerado el autor más traducido en el Japón moderno. Guerra y paz se tradujo al menos veinte veces al japonés antes de 1970, y sus obras completas se han editado al menos trece veces (Konishi, 2013: 95). El periodista Nikolai Matveyev cuenta a los lectores en un breve artículo de 1937 para la revista Rubezh («Рубеж») que en Japón se conoce y aprecia a Tolstói y que sus obras se han traducido y publicado muchas veces en japonés[1] (citado en Khisamutdinov, 2017: 52).

La primera traducción de un texto de Tolstói al japonés data de 1883. Fue una versión de los primeros veintitrés capítulos de La guerra y la paz traducida por Tai Mori, de cuya formación y carrera profesional se sabe muy poco. Brigitte Koyama-Richard sostiene que Mori probablemente trabajó a partir de la versión en inglés y que el resto de los capítulos nunca fueron publicados. Tanto la interrupción del proyecto como la baja calidad de la traducción llevaron a que esta versión pasara casi inadvertida y fueran pocos los que recordaran al escritor ruso cuando su nombre comenzó a aparecer en la prensa japonesa a finales de la década de los ochenta (Koyama-Richard, 1990: 21-22).

Varias figuras japonesas participaron en el proceso de traducción y difusión de las ideas tolstoianas en diarios y revistas, pero este trabajo se concentra en tres de las primeras y más significativas: el pensador religioso Masutaro Konishi (1862-1940), el gran maestro de la literatura de la era Meiji Shimei Futabatei (1864-1909) y el escritor y filósofo Tokutoki Roka (1868-1927). La relación que los tres establecieron con la obra de Tolstói permite apreciar las tres facetas de la imagen del escritor ruso en Japón: pensador religioso, novelista prodigioso y defensor de la no-violencia.

Konishi, un alumno destacado del Seminario Ortodoxo en Tokio, viajó a Kiev en 1886 para participar del Seminario Teológico y perfeccionar su conocimiento del ruso. En ese momento sentía un gran interés por la filosofía del Tao Te Ching y los posibles puntos de encuentro entre el texto que se atribuye a Lao-Tse y el cristianismo ortodoxo. Es por ello que, mientras se encontraba en Rusia, comenzó a trabajar en una traducción del Tao al ruso. Tolstói, que también estaba interesado en traducir el Tao Te Ching, se enteró del proyecto de Konishi y estableció contacto con él. Durante cinco meses se reunieron con frecuencia y juntos completaron la traducción. Una década más tarde, el 10 de octubre de 1896, Tolstói escribió en su diario que había recibido una carta de Konishi y agregó que «los japoneses están mucho más cerca del cristianismo que nuestros cristianos eclesiásticos. Me agradan muchísimo»[2] (Tolstói, 1953). Esta colaboración entre Tolstói y Konishi —que se publicó en 1894 y de nuevo en 1913, y es la primera traducción al ruso del Tao Te Ching— es representativa de la relación bidireccional que se estableció entre Rusia y Japón en esta época.

Como afirma Matveyev, Konishi hizo mucho para popularizar las ideas religiosas de Tolstói en Japón[3] (Khisamutdinov, 2017: 52). Tradujo La sonata a Kreutzer, haciendo hincapié en los aspectos que pudieran interpretarse como críticas al sistema de ética confuciana (Konishi, 2013: 116), escribió una serie de artículos sobre Tolstói para distintas publicaciones cristianas de prestigio y luego se dedicó a traducir los cuentos. Sus traducciones directas pronto inspiraron a otros traductores: académicos tales como Katō Naoshi, Uchida Roan, Kōda Rohan, Senuma Kakusaburō y Nobori Shōmu también produjeron versiones de textos rusos. Durante esta primera etapa, Tolstói fue leído ante todo como un representante de un nuevo tipo de cristianismo en Japón, y esto resultó en gran cantidad de conversiones informales a lo que se conoció como “religión tolstoiana” (Torusutoi no shukyo).

Para cuando Konishi regresó a Japón en 1894, la literatura rusa había ganado popularidad gracias a los esfuerzos de los graduados de la Escuela de Tokio de Lenguas Extranjeras que se habían especializado en lengua rusa. La Escuela, fundada en 1873, era la única institución en Japón en la que se podía estudiar ruso fuera del ámbito religioso (la otra opción es la escuela de ruso de la iglesia ortodoxa a la que asistió Konishi). Entre los graduados, el más destacado era Futabatei, quien, además de ser un prolífico traductor del ruso, es el autor de la que generalmente se considera la primera novela moderna japonesa, Ukigumo, publicada entre 1887 y 1889. Aunque inconclusa, Ukigumo es la primera obra japonesa extensa en prosa en la que se intenta explorar y revelar la naturaleza psicológica de los personajes. Futabatei era un admirador incondicional de la literatura rusa y esto informó tanto el estilo y las temáticas de su obra como las modificaciones morfo-sintácticas que efectuó en su escritura con el objetivo de unificar la lengua hablada y escrita (el proceso colectivo de simplificación lingüística que se desarrolló en esta época se conoce como genbunitchi). Futabatei buscaba producir una literatura que reflejara la vida interna del individuo, y la prosa de Turguénev fue una influencia particularmente significativa en su obra (Müller y Zemp, 2017: 26). De hecho, fue con la traducción de Svidaniye (Свидание) de Turguénev (Aibiki, en japonés) que Futabatei consolidó los cimientos de la genbunitchi literaria (Mizuno, 2009: 35). Para Futabatei, el perfeccionamiento de la lengua vernácula escrita, tanto a través de sus traducciones como en su propia obra, era fundamental para poder plasmar las observaciones y predicciones de los fenómenos sociales, ya no a nivel nacional sino a escala del individuo que, según su propio testimonio, solo llegó a percibir gracias a la lectura de los autores rusos[4].

Durante los casi veinte años que transcurrieron entre la publicación de su primera novela y la de su segunda, Futabatei tradujo a Turguénev, Gógol, Tolstói, Garshin, Gorki y Andréiev. Sus traducciones circularon ampliamente y, puesto que creía que su obra Ukigumo no estaba a la altura de las de los maestros rusos (Walker en Müller y Zemp, 2017: 27), el mismo Futabatei tendía a destacar sus contribuciones como traductor por encima de su labor como novelista (Cockerill, 2010: 230).

A pesar de la opinión negativa del autor, Ukigumo fue bien recibida por los lectores. El texto evidencia rastros tanto de la influencia del estilo narrativo de Gogol como de Turguénev, y existen registros en los que el propio Futabatei admite haber imitado a Dostoiévski y Goncharov en la segunda parte y la tercera[5]. Futabatei escribió solo dos novelas más: Sono omokage (Esa imagen), de 1906, sigue la línea de Rudin de Turguénev y Heibon (Mediocridad), escrita un año más tarde, manifiesta similitudes con La sonata a Kreutzer de Tolstói en el uso de una perspectiva narrativa analítica y emocionalmente distanciada de la acción. Müller y Zemp ven en las tres la adaptación del topos ruso del lishniy chelovek (лишний человек), al contexto histórico, cultural, social y literario del Japón de la era Meiji (2017: 32-33).

La guerra ruso-japonesa de 1904-1905 generó aun mayor interés entre el público japonés por la literatura rusa. Los intelectuales antiguerra se aferraron a la imagen pacifista de Tolstói y el Heimin shimbun comenzó a publicar los cuentos del autor ruso en los que se retrataba la vida campesina, con el objetivo de crear un vínculo moral entre los heimin, es decir, «el pueblo» ruso y el japonés. Futabatei, quien apoyaba el hisen undo, o movimiento en contra de la guerra, aprovechó ese interés y tradujo una serie de relatos rusos en los que se enfatizaba la crueldad del conflicto bélico (Konishi, 2013: 187).

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Página del Heimin shimbun.

La lectura de las traducciones de Tolstói hechas por Futabatei así como de su obra original generó reacciones intensas entre los jóvenes intelectuales japoneses de la época. Se sabe que el escritor Tokutomi Roka copió a mano y memorizó la traducción de Aibiki, porque admiraba el estilo de Futabatei (Konishi, 2013: 87). Pero ese acto devocional fue solo el comienzo: en 1887 Roka publicó Torustoi, la primera biografía y estudio literario del autor ruso escrita en japonés. Parte del volumen está basado en lo que Roka aprendió sobre Tolstói de Masutaro Konishi, su íntimo amigo, y se remonta, por lo tanto, a ese primer proyecto de traducción del Tao Te Ching. En 1906, Roka ya era un autor reconocido (su novela Hototogisu, que había aparecido en la revista Kokumin no Tomo, se publicó en cien ediciones en formato libro entre 1900 y 1909) y dio un paso más: tras un «despertar» moral y religioso en 1905, que lo llevó a dedicarse fervientemente al estudio y la práctica de los ideales tolstoianos, Roka emprendió un célebre peregrinaje religioso que culminó en Yásnaia Poliana, la hacienda de Tolstói, donde residió cinco días.

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Tokutomi Roka junto a Tolstói en Yásnaia Poliana.

Cuando regresó a Japón, Roka, a quien algunos comenzaron a llamar «el Tolstói de Japón» o «el pequeño Tolstói», publicó Junrei kiko, su diario de viaje. El texto fue bien recibido por los pares de Roka, y muchos estudiantes y escritores lo visitaron para saber más sobre los días que había compartido con Tolstói (Kominz, 1986: 65). El encuentro resultó decisivo para Roka en muchos sentidos. Se mudó a las afueras de Tokio para vivir del modo más simple posible, y, en función a su interpretación personal de lo que Tolstói le había aconsejado (escribir solo aquello que fuera necesario y que pudiera ayudar a mejorar la vida de los individuos), se dedicó a escribir prosa no ficcional y, especialmente, a llevar un registro de su vida campesina, que se publicó con el título de Mimizu no tawagoto (Kominz, 1986: 67).

La obra tardía de Roka no fue aclamada críticamente y durante esa última etapa de su vida el autor permaneció alejado de los círculos literarios. No obstante, Junrei kiko es una obra importante, que resignificó una forma literaria tradicionalmente japonesa (el diario de viaje), cuyos primeros ejemplos se remontan al siglo X.

Los tres casos estudiados reflejan, en primera instancia, la influencia de Tolstói en Japón, que es una cuestión poco abordada desde la historiografía japonesa producida en occidente. Como se ha dicho, esto es en parte resultado de la ausencia de un constructo geográfico transnacional que incluya a ambos países y en el que se reconozca a Rusia como una entidad diferenciada del resto de occidente. En términos más generales, demuestra la importancia de la interacción entre la literatura y la sociedad que la que la recibe. La recontextualización de los textos genera nuevas lecturas, que a su vez son capaces de desencadenar fenómenos sociales significativos y, en ciertos casos, contrahegemónicos. La apreciación por parte de los intelectuales japoneses de Tolstói ante todo como pensador religioso, y los cambios estilísticos y temáticos que resultaron de la lectura de la literatura rusa en Japón durante la era Meiji dan cuenta de este fenómeno, así como la campaña que organizó el Ministerio del Interior japonés durante las décadas posteriores a la guerra con Rusia para evitar que se enseñara a Tolstói en las escuelas, por considerarlo perjudicial para los valores nacionales. Finalmente, el estudio de la recepción de Tolstói en Japón resalta la dificultad e incluso el desacierto que implica intentar diferenciar categóricamente entre la historia nacional y la historia internacional, y la importancia de la literatura en la circulación de las ideas que difuminan los límites entre las naciones.

Referencias:

Bukh, A. (2010). Japan’s National Identity and Foreign Policy: Russia as Japan’s ‘Other’. NewYork: Routledge.

Cockerill, H. (2003). «Futabatei Shimei’s Translations from Russian: Verbal Aspect and Narrative Perspective». En Japanese Studies, 23 3, pp. 229-238.

Futabatei, S. (1997). “Yo ga hansei no zange”. En Futabatei Shimei zenshū. Disponible en: https://www.aozora.gr.jp/cards/000006/files/383_22435.html

Kato, S (1997). A History of Japanese Literature. Trad. de Don Sanderson. Richmond: Japan Library.

Khisamutdinov, A. A. (2017). Japanese of Russian origin: Nikolai Matveyev. Vladivostok: Far Eastern Federal University Press.

Komniz, L. y Roka, T. (1986). “Pilgrimage to Tolstoy: Tokutomi Roka’s Junrei Kikο”. En Monumenta Nipponica, 41 1, pp. 51-101.

Konishi, S. (2013). Anarchist modernity: cooperatism and Japanese- Russian intellectual relations in modern Japan. Cambridge: Harvard University Press.

Koyama-Richard, B. (1990). Tolstoï et le Japon. Paris: Publications Orientalistes de France.

Mizuno, A. (2009). «A Genealogy of Literal Translation in Modern Japan». TTR : traduction, terminologie, rédaction, 22 1, pp. 29–55.

Müller, S. y Zemp, S. (2017). «Futabatei Shimei and the ‘Superfluous Man’ as a Critique of Modernity». En Jacob, F. (ed), Critical insights: Modern Japanese Literature. Ipswich: Grey House Publishing. Pp. 20-37.

Sakai, N. (2009). «Translation and the Schematism of Bordering». Conferencia presentada en Gesellschaft übersetzen: Eine Kommentatorenkonferenz, Universität Konstanz. Disponible en: http://www.translating-society.de/conference/papers/2/

Tolstói, L. (1953). Polnoye sobraniye sochineniy, Tomo 53. Moskba: Gosudarstvennoye izdatelstvokhudozhestvennoy literatury. Disponble en: http://tolstoy.ru/online/90/53/

Turkevich, L. (1977). «Russian Literature in Modern Japan». Russian Language Journal 31 108, 69-90.

[1] «В Ниппоне хорошо знают и ценят Льва Толстого. Произведения его переведены на японский язык и многократно переиздавались.»

[2] « За это время были японцы с письмом от Кониси. Они, японцы, к христианству несравненно ближе, чем наши церковн[ые] христиане. Очень я их полюбил.»

[3] « Для популяризации Толстого на островах страны Восходящего солнца много сделал мой старый друг Даниил Павлович Кониси , или по-ниппонски Кониси Масутаро.»

[4] «私のは、普通の文学者的に文学を愛好したというんじゃない。寧ろロシアの文学者が取扱う問題、即ち社会現象――これに対しては、東洋豪傑流の肌ではまるで頭に無かったことなんだが――を文学上から観察し、解剖し、予見したりするのが非常に趣味のあることとなったのである。で、面白いということは唯だ趣味の話に止まるが、その趣味が思想となって来たのが即ち社会主義ソシアリズムである。.» (Futabatei, «Yo ga hansei no zange»)

[5] «つまり西洋文を輸入しようという考えからで、先ずドストエフスキー、ガンチャロフ等を学び、主にドストエフスキーの書方に傾いた。それから下巻になると、矢張り多少はそれ等の人々の影響もあるが、一番多く真似たのはガンチャロフの文章であった。» (Futabatei, «Yo ga hansei no zange»)

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