Un verano, una traducción

Enero. Las olas. No las que rompen contra la costa atlántica para el deleite de los bañistas, sino las líricas y desafiantes de la novela de Virginia Woolf, traducida al español por Andrés Bosch.

Leer una traducción cuando se es traductor implica un desafío particular. Somos curiosos por naturaleza, e incluso cuando leemos por placer, el deseo de examinar el artificio, de saber qué habrá dicho el original aquí o allá, se impone; interrumpe la lectura. Cuando se es traductor, leer una traducción implica conseguir también el original, y, cada tanto, priorizar las palabras, porque nos convocan. Leer una traducción implica, por lo tanto, tiempo para volver sobre nuestros pasos (y los de un cierto otro) y leer dos veces (o tres, o cuatro). El verano es un buen momento para leer traducciones.

La versión de Andrés Bosch de la obra de Woolf fue un hallazgo azaroso pero afortunado. El reconocido escritor y traductor español trajo a nuestra lengua a autores enormes: Styron, Spark, Nabokov, Updike, Le Carré… y su trabajo en Las olas es encomiable. Hay pasajes meticulosamente construidos que inspiran verdadera admiración:

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Pero unas líneas más adelante nos encontramos con uno de esos fragmentos curiosos, que nos recuerdan que hay un texto detrás del texto, que nos dejan pensando y nos hacen detener mientras la trama (aquí, los monólogos, las viñetas) avanza implacable.

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Woolf, Virginia, Las olas. Trad. de Andrés Bosch. Buenos Aires: Hyspamerica Ediciones, 1982, p. 278.

La clasificación es, cuando menos, extraña. La idea de los nombres en la N apenas roza el sentido. ¿Bosch habrá leído mal? ¿Se habrá equivocado? Cedemos y consultamos el original:

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Woolf, Virginia, The Waves. Digitalizado por Gutenberg Australia, 2002.

Por supuesto, aquí la clasificación es lógica y, claro, el traductor no tuvo más remedio que adoptar una algo más idiosincrásica. La motivación se deduce fácilmente (¿o no?).

Leer una traducción cuando se es traductor es desafiante pero, ante todo, es un ejercicio de empatía. Comprender las decisiones que han permitido llegar a la versión enriquece, aporta estrategias, y nos obliga a cuestionar nuestras propias prácticas. Leer una traducción cuando se es traductor es notar los detalles, reconocer el esfuerzo del colega y, en Las olas, es  también compadecer un instante al excelente Bosch, que ninguna culpa tiene de que, en español, las palabras “mariposa” y “muerte” comiencen las dos con la letra M.

2 comentarios sobre “Un verano, una traducción

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  1. Estoy leyendo que esto fue publicado el 24 de marzo de hace poco más de dos años, y no tienes idea de cómo lo agradezco. Precisamente estoy leyendo la traducción de Bosch, y la prosa de Woolf vertida por él a nuestro idioma me parece una cosa maravillosa; pero, al no tener la valentía de acercarme al texto original e inglés, desconozco si con la lectura de Las Olas al español estoy perdiendo o estoy ganando en la experiencia. Tu texto me ha resultado bastante revelador. ¡Muchísimas gracias!

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    1. ¡Qué alegria leerte! Es muy grato para mí saber que este texto, que publiqué con tanta inseguridad hace dos años, te ha resultado mínimamente útil.
      La versión de Bosch es muy detallista y tiene momentos muy bellos. De todos modos, ojalá también en algún momento te animes a acercarte al texto original, aunque sea para revisitar tus fragmentos favoritos.
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

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